Por: Norenid Feliciano
Doideca comienza con la invocación necesaria de un dios musical poco común. La primera entrada de esta sección (que hace oda a, y pretende abarcar la espesura de la escena musical brasileña), presenta al artista que inspiró la creación de la palabra que apoda a este espacio. Se trata de Tom Zé, el músico bahiano que a sus 73 años muestra la perspectiva más joven y atrevida del Brasil sonoro.
Quizás el nombre de Tom Zé no nos retumba en nuestras mentes, porque aunque fue una figura principal del Tropicalismo brasileño, el artista desapareció de la esfera pública por casi 20 años. El hiato se produjo en las décadas 70 y 80, periodo en el que los demás tropicalistas (Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Maria Bethania y Rita Lee, entre otros) vivían sus épocas de oro.
No obstante, hoy, cuando los contemporáneos disfrutan de la estabilidad de una carrera bien lograda y larga, Tom Zé sobresale con una de las propuestas musicales más arriesgadas y vanguardistas a nivel mundial. Quizás un poco pensando en que no tiene nada que perder, el artista ha abrazado el término crítica social, y ya no desde el marco de la dictadura, hace intersecciones entre temas tan diversos como la erudición artística, el género, lo material, la juventud, entre otras posibilidades, para desafiar, entre otras cosas, lo que es una canción.
Le debemos el resurgir de este artista a David Byrne, que sacó a Tom Zé de la sombra a principio de los años 90, y lo impulsó a los escenarios, respaldado con su sello Luaka Bop. Así, como si la mente creativa no hubiera sufrido cambios sustanciales, y encerrado con las experimentaciones sonoras que abarcan todo tipo de instrumentos, desde maquinillas hasta cerruchos y liquadoras, Tom Zé lleva más de 15 años rompiendo el esquema musical.
Es compulsivo, irreverente, y extremadamente elocuente el contenido lírico de la obra de Tom Zé. No obstante, mientras menos habla, más dice, y así lo afirma en su penúltima producción “Danç-Êh-Sá: Dança Dos Herdeiros Do Sacrifício” en la que se aventura a hacer canciones sin letras, retando así la noción de que la letra como contenido es más importante que el ritmo y los sonidos. En Danç-Êh-Sá, Tom Zé invierte el orden y afirma que lo que nos mueve es lo terrenal, lo rítmico, lo primario. Y, con gemidos, y la polifonía sincopada que lo caracteriza, Tom Zé nos revela el fin de la canción.
Este espacio es para los doidos cuerdos, y abrimos con el doido más interesante de Brasil.

November 9th, 2009 at 11:07 pm
Muy bueno, Brasil, esta redactora, Tom Zé, todos cautivantes… Ah, Tumai.com.do también.